Llevar una cámara y un micrófono no siempre abre puertas. A veces, te las cierra de golpe. Carlos Segura, reportero de “Equipo de Investigación”, el programa de La Sexta que este año cumple su 15 aniversario, y profesor en la Universidad Villanueva, ha sido escupido, amenazado, agredido. Pero pregúntale si lo dejaría y la respuesta es rotunda: jamás.

¿Por qué estudiaste Periodismo?
Desde pequeño tenía ganas de meterme en todos esos lugares donde la gente normal no puede ir, porque siendo periodista se te abren las puertas de un montón de localizaciones, de edificios, de instituciones…
¿Provienes de una familia de periodistas?
No. Creo que mi madre es una periodista que no lo fue. Tenía alma de periodista pero nunca lo pudo estudiar ni ejercer. En mi caso, en mi infancia no había internet, tener una videoconsola era complicado, así que el entretenimiento gratuito y que tenía en mi habitación era el radio cassette con doble pletina y banda de AM y FM. A mí la radio me generaba una curiosidad extraordinaria y yo creo que me quise dedicar a esto y he aprendido desde pequeño viendo televisión y sobre todo, escuchando la radio.
«He salido de una sala de cine para atender a una fuente que llevaba buscando semanas. Es la vida del periodista de investigación»
¿En qué momento decidiste que querías dedicarte al periodismo de investigación?
Llegó solo. Es un trabajo que me ha atrapado por casualidad. Empecé trabajando en un programa de Televisión Española que se llamaba “Teleobjetivo”, muy similar a “Equipo de Investigación”, en el que estoy ahora. Tuve la suerte de tener un gran director, Nino Fontán. Gracias a esa experiencia me llamaron de “Equipo de Investigación”, el programa por excelencia de la investigación en la televisión. Es un programa en el que si quieres puedes estar trabajando siempre. Tienes que tener cuidado porque a veces te atrapa tanto que dedicas fines de semana y noches a investigar.
¿Cómo desconecta un periodista de investigación?
Es muy complicado y una obligación. Hay que hacerlo por salud. A veces me da mucha envidia a la gente que baja su persiana y no se lleva trabajo a casa. Siempre estás de reojo mirando el móvil y el correo electrónico, sea porque se trata de un tema de actualidad y estás todo el rato pendiente de la actualidad, sea porque es un tema que estás investigando y estás todo el rato recabando información y contactando a fuentes… He llegado a tener que salir de una sala de cine porque me ha llamado alguien que llevaba buscando semanas y salí para atenderle porque sabía que lo tenía que hacer en ese momento.
«Mi compañero acabó ensangrentado en el hospital. Nos acordamos de él todos los días»
Sobre el programa, ¿cómo se prepara un reportaje? ¿Cuánta investigación previa hay detrás?
Hay un equipo que lleva unas semanas preparando el tema. A veces es una semana, un mes o incluso años. Desde que te lo entregan tienes un mes para presentar el producto. Hay una semana en la que nos dedicamos a la investigación en profundidad sobre el tema; otra en la que trabajamos sobre el terreno, hacemos guardias, hablamos con expertos, etc; otra semana para elaborar el guión y otra semana para la edición. El viernes de la cuarta semana el programa tiene que estar listo para salir si es que se quiere emitir esa semana.
¿Hay momentos en los que has pensado: “Hoy no me apetece grabar”?
Hay momentos en los que te levantas con mucho nerviosismo porque te toca entrar a sitios donde sabes que la grabación tiene altas probabilidades de convertirse en conflictiva: un barrio en el que la mayoría de los vecinos trabajan en la droga… Sabes que hay muchas probabilidades de que no seas bien recibido o de que incluso tu integridad física corra peligro. De hecho, ha ocurrido. Yo he tenido muchos momentos en los que he acabado en el hospital por trabajar en este programa.
¿Os habéis encontrado con situaciones de violencia, como agresiones o persecuciones mientras grabábais?
Yo he recibido patadas, me han escupido, me han cogido del cuello, he tenido que salir corriendo porque ha salido una persona con una barra de hierro, amenazas de todo tipo… Y luego está el caso de un compañero al que el clan de los Jodorovich en Barcelona, que se dedican a vigilancia de obras y consiguen las concesiones de forma cuestionable, atacó durante una grabación.
Estábamos grabando un reportaje que nunca se ha llegado a emitir. Cuando ya se estaban grabando los últimos planos, unos planos de recurso, aparecieron unos encapuchados en una moto, abrieron la puerta del conductor, arrastraron a mi compañero cámara al suelo y le empezaron a apalear. Le dieron golpes en todas las partes del cuerpo. Él se intentó proteger la cara con la cámara hasta que se la quitaron. Acabó ensangrentado. Acabaron todos en el hospital. Tuvieron que ir a terapia. Yo creo que nos acordamos todos los días de él. Por desgracia la sociedad cada vez está más violenta y cada vez es más difícil hacer este tipo de temas.
A mí, por ejemplo, me rompieron una cámara en Pinos Puente, una localidad en la que se cultiva mucha marihuana. Nos vinieron por la espalda el líder de uno de los clanes y su hermana. Me cogieron del cuello, me intentaron quitar los móviles, pero conseguí que no lo hicieran. Mientras tanto, a mi compañero cámara le daban codazos en el cuello contra una pared. Yo le escuchaba gritar. Vi cómo le cogían la cámara y la tiraban contra el suelo. Mi compañero no pudo seguir grabando; estaba temblando. Yo en ese momento sí cogí el móvil y grabé, y de hecho se emitió. Grabé cómo nos destrozaban la cámara y cómo salíamos escoltados por la Guardia Civil.
«En ‘Equipo de Investigación’ jamás se ha publicado nada que sea mentira. Los datos se contrastan muchísimo»
¿Cómo gestionas el miedo y las diferentes emociones cuando estás en un entorno hostil?
“El miedo es libre y va en la persona” es una frase que se oye mucho en la redacción. Va en el periodista. Un reportero puede vivir de diferentes formas una misma situación, con el mismo riesgo.
Con todo y con eso, ¿te gusta tu profesión y te merece la pena?
Me encanta. Me gusta contar la realidad y la verdad de las historias, tener la oportunidad de ir a los sitios, de vivirlo en persona, de entrevistar sin prejuicios a gente con la que jamás tendría contacto si no fuera a través de esta profesión y descubrir sus historias… A mí me parece alucinante.
¿Hay algún caso que te haya marcado especialmente?
Todavía me acuerdo de un reportaje que hicimos sobre “haters”. Descubrimos quién estaba detrás de las amenazas de muerte a Miriam, de “Tu Cara Me Suena” y “OT”, que trabajó en el Benidorm Fest el año en el que ganó Chanel. Por no votar a Rigoberta Bandini, esta persona le mandaba mensajes con amenazas de muerte.
Fue una investigación compleja en la que estuve buscando a este chico del que solo tenía un “nick” y conseguí, después de dos noches en mi casa, llegar a él. Llegamos antes que la policía. Cuando llegamos a él, vimos que detrás de este “hater” estaba una persona que llevaba varios años enfermo en la cama, con varias patologías… Como consecuencia de la mala situación y la amargura que le producía su enfermedad, expresaba todo el odio por redes sociales.
¿Algún reportaje ha cambiado la realidad de una víctima, un barrio o una empresa?
Sí, hemos conseguido bastantes cosas. Gracias en parte al programa, se reabrió la investigación del caso de Déborah Fernández, que fue una muerte violenta de una chica en Vigo, porque había una amplia sospecha sobre su entorno. También, hace poco, se detuvo a un ciberdelincuente, un estafador de redes. Como tenemos tiempo para profundizar en los temas, al final sí conseguimos poder llegar a esa persona.
¿Qué tiene que tener una historia para que “Equipo de Investigación” decida contarla?
Interés general siempre. Que sea un tema que interese a la mayor parte de la población. Luego la última palabra la tiene la cadena. Porque nosotros, al final, incriminamos en televisión a personas y tenemos que tener mucho cuidado. Y por otro lado la posibilidad de que se pueda realizar. Que las fuentes accedan a hablar con nosotros; si colaboran con nosotros la policía y la Guardia Civil u otros cuerpos de España, a los que les debemos muchísimos reportajes; la facilidad que tengamos para acceder a las imágenes: no es lo mismo tener las imágenes de un robo que no poder enseñarlas. Tener unas imágenes vale oro para nosotros. Por supuesto, que los protagonistas accedan a hablar con nosotros.
¿Cómo consigues que una fuente “delicada” acceda a hablar?
Una vez entrevistamos a un narco en una playa de Cádiz de noche. Pertenecía a una banda rival de otra que estábamos investigando y aceptó hablar solo con la cara tapada y la voz distorsionada. ¿Cómo conseguimos que esta persona nos hablase? Insistiendo. Nos acercamos discretamente a su casa, le tuvimos que dejar un teléfono. Recuerdo que esta persona, como tenía las líneas intervenidas, compró una tarjeta SIM de prepago para llamarnos. Como no quería hablar por teléfono, tuve que quedar con él en un punto concreto sin conocerle. Después de mucho insistir conseguimos que se sentase a hablar.
Al final, es un trabajo de llegar a las personas y de que confíen en ti. No es fácil que un narco se siente a hablarte de una banda rival porque, entre otras cosas, pones su integridad en peligro. También tenemos que tener mucho cuidado con eso, cuando tenemos un testigo, hacer todo lo posible para que no se le pueda reconocer.
¿Cómo se encuentra el equilibrio entre generar gancho, llamar la atención del espectador… y no caer en el sensacionalismo y en las «fake news»?
Son líneas rojas en las que nunca se debe caer. En “Equipo de Investigación” jamás se ha publicado nada que sea mentira. Tenemos muchos juicios, nos demandan muchas veces y condenas creo que hay muy pocas. Los datos se contrastan muchísimo. Jamás se cuenta una mentira. Otra cosa es que hagas infotainment, es decir, que informes y a la vez entretengas, que el programa lleve su música, sus reconstrucciones, etc, y como recurso narrativo pero nada más.
«Suplimos la falta de medios con nuestro tesón. Hay buena investigación en España»
¿Ha habido reportajes que decidisteis no emitir por razones éticas o de seguridad?
El de los Jodrovic no se ha emitido. Desconozco el motivo. Si hay temas que se hacen en un momento determinado y el fenómeno pasa o hay un problema transversal que se hace en determinado momento pero luego pasan unos meses y ese problema ya no existe, pues ya no podemos emitir ese reportaje. Son muy pocos, poquísimos, pero alguno sí.
¿Qué te ha enseñado este trabajo sobre las personas y sobre ti mismo?
Que vale la pena escuchar a todo el mundo, y que ir sin prejuicios, profesional y personalmente, es la mejor manera de vivir. Y sobre mí mismo, lo que me ha enseñado es, por desgracia, las pocas dotes que tengo para desconectar y para rendirme. También me ha enseñado que tengo mucha más resiliencia de lo que yo creía.
¿Cómo ves el periodismo de investigación en España?
Si nos comparamos con Estados Unidos, por desgracia, tenemos una inversión mucho menor para poder llevar a cabo proyectos de investigación. Aún así, creo que hay muchos periodistas especializados en investigación que sacan todos los días verdaderas exclusivas con el mérito de haberlas sacado sin los medios suficientes. Creo que es una reclamación de todas las profesiones: los bomberos siempre reclaman más medios, los médicos siempre reclaman más medios y los periodistas también. Aún así, acabamos cubriendo y supliendo esa falta de medios con nuestro tesón, y se consiguen buenos resultados. Yo creo que hay buena investigación en España.
¿Qué consejo darías a los jóvenes que están pensando en estudiar Periodismo? Y en concreto, periodismo de investigación?
Que consuman mucho el trabajo de sus compañeros o futuros compañeros, que aprendan escuchando, leyendo y viendo los trabajos que se desarrollan en la actualidad. Yo viví y me crié prácticamente viendo los reportajes de “El Mundo Televisión”, de investigación con cámara oculta. Yo me acuerdo que los ponían en la televisión de Galicia los sábados por la noche y no me perdía ni uno, y por supuesto en “Diario D” de Mercedes Milá, y ahora es un orgullo estar en la secuela.

– – –
Carlos Segura cierra la entrevista con una sonrisa. A pesar de las cicatrices visibles e invisibles, de las noches sin dormir y de los momentos de miedo real, sigue adelante.
Y es que, para Carlos, cada reportaje, cada historia, cada testimonio, cada verdad descubierta merece la pena. El periodismo de investigación no es un trabajo. Es su vocación.









