¿De quién es la Luna? La pregunta que marcará la nueva carrera espacial

La humanidad regresa al satélite medio siglo después, impulsada por intereses estratégicos, recursos valiosos y un vacío legal que ya genera conflictos

La Luna ha sido durante miles de años un símbolo inalcanzable. Tras el histórico hito de 1969, nos parecía que la humanidad emprendía un camino hacia la conquista del espacio. Sin embargo, el sueño se detuvo pronto. Durante más de medio siglo, la superficie de la Luna permaneció soliaria, como si aquel pequeño gran paso hubiera sido tan solo un destello en la historia.

Todo ha cambiado en los últimos años. El pasado 1 de abril, a las seis y media de la tarde hora local de Florida, despegó desde el Centro Espacial Kennedy el cohete más potente jamás construido, el SLS (Space Launch System). A bordo viajaban cuatro astronautas -tres estadounidenses: Reid Wiseman, comandante; Victor Glover, piloto; Christina Koch, especialista de misión, y un canadiense: Jeremy Hansen, especialista de misión- para rodear la Luna y regresar a la Tierra en la misión Artemis II. El mundo entero observó atentamente el lanzamiento con la sensación de estar asistiendo al inicio de una nueva etapa. Porque este regreso no es casual: forma parte de un movimiento global en el que participan Estados Unidos, China, Rusia, India, Japón y Europa. Como afirmó el colaborador Félix Martínez en el programa Si amanece nos vamos, donde realizo mis prácticas: “antes se llegó a la Luna para plantar una bandera; ahora se quiere volver para quedarse”.

La motivación ya no es política, sino estratégica

Durante la Guerra Fría, la carrera espacial fue una demostración de fuerza entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Hoy el escenario es muy distinto. La exploración lunar se ha reactivado por varios motivos. El primero tiene que ver con los recursos: en la Luna hay materiales valiosos, y sobre todo hay agua congelada en los polos. Ese hielo es importante porque se puede emplear para beber, cultivar alimentos y fabricar combustible para cohetes.

El segundo motivo es energético. En la superficie lunar existe helio-3, un elemento que es escaso en la Tierra y que podría convertirse en una fuente de energía limpia y poderosa si se desarrolla la tecnología de fusión nuclear.

El tercer motivo es logístico: la Luna puede convertirse en una base intermedia hacia Marte. Lanzar una misión desde la Tierra hacia el planeta rojo es muy caro, pero si se hace desde una base lunar abarataría costes y permitiría preparar las naves con mayor seguridad.

Quién ha estado realmente allí

Solo doce personas han pisado la superficie de la Luna, todos eran estadounidenses entre 1969 y 1972. Nadie se atrevió a repetir el viaje porque los costes eran incompatibles con cualquier beneficio económico o científico inmediato. Pero ahora la situación ha cambiado por completo. China avanza con rapidez y pretende llevar astronautas antes de 2030; India logró aterrizar en el polo sur en 2023; Japón, Rusia y la Agencia Espacial Europea trabajan en sus proyectos; y Estados Unidos desarrolla actualmente el programa Artemis.

El tablero espacial vuelve a moverse y, con ello, surgen nuevas preguntas.

El vacío legal que abre una nueva disciplina: el derecho espacial

Si los países construyen bases o empiezan a trabajar en la Luna, surge una cuestión inevitable: ¿pueden reclamar la propiedad de un territorio? La respuesta, según el Tratado del Espacio Exterior, firmado en 1967, es que no. Este establece que ningún país puede apropiarse de la Luna ni de ningún cuerpo celeste. El espacio pertenece a toda la humanidad.

El problema aparece con los recursos. Aunque no se pueda reclamar el territorio, ¿puede un país o una empresa ser dueño de lo que extraiga? Estados Unidos ya reconoce por ley que sus empresas pueden explotar y ser propietarias de los recursos obtenidos en la Luna. China, Rusia y Europa defienden que debe existir una regulación internacional más estricta.

Delitos fuera de la Tierra: un precedente insólito

La necesidad de un derecho penal espacial se hizo evidente en 2019, cuando una astronauta estadounidense fue acusada de acceder sin autorización para ello a la cuenta bancaria de su expareja desde la Estación Espacial Internacional. La investigación concluyó años después que no había delito porque la astronauta sí tenía autorización, pero el caso abrió una duda relevante: ¿qué ley se aplica cuando un delito se comete fuera de la Tierra?

Por norma general se establece que se debe aplica la legislación del país al que pertenece la nave en la que se encuentra la persona. En la Estación Espacial Internacional, cada módulo pertenece jurídicamente a un país diferente, lo que complica aún más la jurisdicción. En un futuro con bases lunares, la complejidad se multiplicará: sabotajes, accidentes laborales, conflictos entre empresas o contaminación espacial requerirán jueces y abogados especializados.