El mundo atraviesa una fase de profunda transformación geopolítica. Lo que durante décadas se describió como “orden internacional” basado en instituciones multilaterales y reglas compartidas muestra signos de desgaste. En su lugar emerge un escenario más competitivo, marcado por la rivalidad entre grandes potencias y la incertidumbre sobre las normas que regirán el sistema en el futuro.
La metáfora del juego de mesa Risk —donde los jugadores se reparten el mapa y compiten por la influencia territorial— sirve para ilustrar un mundo donde Estados Unidos, China, Rusia, Europa y las potencias de Oriente Próximo se disputan posiciones estratégicas en distintos frentes.
¿Qué se entiende por “nuevo orden mundial”?
Históricamente, el término se ha utilizado para describir períodos de reorganización del poder global tras grandes crisis, como el final de la Segunda Guerra Mundial o el colapso de la Unión Soviética en 1991.
Hoy, la expresión se emplea para referirse a un sistema internacional en transición. Las reglas, alianzas e instituciones que sustentaron el orden liberal durante las últimas décadas —desde la ONU hasta la Organización Mundial del Comercio— están siendo cuestionadas, sin que exista un consenso claro sobre qué modelo las sustituirá.
El equilibrio basado en cooperación internacional y normas compartidas convive ahora con una creciente competencia estratégica entre Estados.
Estados Unidos y el giro estratégico de Donald Trump
Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha defendido una visión del mundo centrada en el interés nacional y el uso directo del poder económico y militar. Su discurso sobre el nuevo orden mundial plantea un rechazo explícito del papel tradicional de Estados Unidos como garante del orden liberal internacional.
La desconfianza hacia la ONU, la presión constante sobre la OTAN y la preferencia por acuerdos bilaterales reflejan una política exterior más unilateral. En foros como el de Davos, Trump ha dejado claro que Washington solo sostendrá alianzas que considere útiles para sus objetivos estratégicos, lo que ha generado inquietud entre sus socios históricos, especialmente en Europa.
Las potencias y un mundo multipolar
El escenario que se perfila está dominado por tres grandes actores:
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- Estados Unidos, que busca mantener su primacía reduciendo compromisos globales y que pretende expandir sus fronteras a través del dominio de Groenlandia, territorio que históricamente ha pertenecido a Dinamarca y donde Rusia ha tenido una fuerte presencia desde 2005 cuando comenzó a reconstruir bases militares. Así mismo, las políticas radicalistas de Trump y el incumplimiento del derecho internacional el pasado 03 de enero, al realizar la operación quirúrgica en la que se logró extraer al líder comunista y dictador de Venezuela, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, ha provocado amplias interrogantes en torno a cuál será su siguiente movimiento en otros frentes como oriente próximo y su interés en la Franja de Gaza.
- China, que consolida su influencia económica, tecnológica y diplomática, ofreciendo un modelo alternativo al occidental. Este año, a través de los BRICS, la Organización de Coperacion de Shanghái y la nueva ruta de la ceda logra posicionarse como contrapeso a Occidente. Por otra parte, continúan su estrategia para conseguir una reunificación del territorio de Taiwán, cuyo activo más potente son la rutas marítimas.
- Rusia, que reivindica su esfera de influencia y desafía abiertamente el orden surgido tras la Guerra Fría. Persigue la reunificación de la antigua Unión Soviética y mantiene la guerra con Ucrania que pronto cumplirá cuatro años desde su inicio. Sin embargo Ucrania no es su único frente abierto, Rusia mantiene sus bases militares en Groenlandia y está cada vez más cerca de un enfrentamiento directo con Estados Unidos.
- Unión Europea, el único de los ponentes de este nuevo orden mundial que aboga por la diplomacia, la conciliación y el cumplimiento del derecho internacional; su único interés geopolítico es proteger aquellos territorios como (Groenlandia y Ucrania) que se encuentran en zona de tensión por los intereses de las demás potencias.
- Oriente Próximo y las fuerzas árabes, un territorio donde Israel es protagonista debido al conflicto activo con Palestina y las coaliciones de países árabes, continúa en conflicto con la intervención mediadora de Estados Unidos, como lo vimos hace unos años en los acuerdos de Oslo.
Este reparto de poder no responde a normas compartidas, sino a equilibrios de fuerza, lo que incrementa el riesgo de conflictos y tensiones regionales.
Ahora bien, el globo terráqueo está luchando en otros frentes: En el Sahel China y Rusia perfilan su influencia al igual que lo hacen sobre las rutas comerciales del Océano Atlántico. Recordemos la reciente confrontación entre Estados Unidos y China sobre el Canal de Panamá. Si viajamos al continente africano reconoceremos la influencia de China en territorios como Nueva Guinea, Filipinas, Sudán, Angola, Nigeria, Namibia y el Congo. Por su parte Rusia sigue dominando hasta cierto punto la isla de Cuba, enfrentando sus intereses hacia Estados Unidos una vez más.
Democracia, autoritarismo y poder tecnológico
Uno de los rasgos más preocupantes de este nuevo orden es el retroceso de la democracia liberal. El auge de regímenes autoritarios y la polarización interna en democracias consolidadas debilitan el atractivo del modelo democrático como referencia global.
A ello se suma el papel creciente de las grandes empresas tecnológicas, cuya capacidad para influir en la información, la economía y la política trasciende fronteras y desafía el control de los Estados.
Un orden aún sin reglas claras
El nuevo orden mundial no está plenamente definido. Se trata de un proceso en curso, caracterizado por la erosión de las instituciones tradicionales, la competencia entre potencias y la ausencia de un marco común que garantice estabilidad.
La presidencia de Donald Trump simboliza este cambio de era: menos cooperación, más confrontación y un sistema internacional en el que el poder vuelve a imponerse sobre las normas. El resultado es un mundo más incierto, donde las reglas del juego están todavía por escribirse.
Los alumnos de periodismo de la Universidad Villaueva a través del juego de mesa, risk, intentó identificar cuál será el siguiente movimiento de las potencias del mundo a través de tres tableros donde USA y sus tropas teñidas de amarillo, la Unión Europea con su característico color azul, Rusia que va de verde y China con el rojo de su bandera de enfrentan entre sí una vez más para dominar todos los frentes abiertos.











