La llamada “crisis de los 40” ha sido durante décadas un concepto reconocido en la sociedad: un momento de reflexión sobre tu recorrido en la vida y lo que aún queda por recorrer. Con el tiempo, también se habla de la “crisis de los 30”, cuando algunas personas experimentan un primer golpe de realidad al llegar a la tercera década de la vida. Sin embargo, en los últimos años ha surgido una nueva crisis temprana, la llamada crisis de los 20, que afecta especialmente a millennials jóvenes y miembros de la Generación Z.
Este fenómeno ha sido objeto de análisis por Marta Carrillo, estudiante de 3º de Periodismo en la Universidad Villanueva, en su sección del programa Si amanece nos vamos de Cadena SER, donde explica cómo los cambios sociales y económicos influyen en la experiencia vital de los jóvenes.
Una crisis derivada de expectativas incumplidas
Carrillo explica que muchos jóvenes sienten presión por cumplir estándares que no se corresponden con la realidad actual. A los 20 años, todavía están comenzando su vida adulta, pero perciben que deberían haber alcanzado hitos como independencia económica, empleo estable o vivienda propia.
La periodista señala que en redes sociales circulan numerosos vídeos que reflejan esta angustia: “Ya tendría que estar estabilizado, trabajando, con una casa, una familia… con un algo, y no tengo nada. ¿Qué se espera de mí?”, comentan los usuarios en redes sociales. Antes, a los 25 años muchas personas ya contaban con empleo, independencia y familia. Hoy, la precariedad laboral y la crisis de la vivienda han retrasado estas metas, generando un sentimiento de retraso frente a las expectativas heredadas.
Decisiones rápidas y exceso de opciones
Otro factor que contribuye a esta crisis es la abrumadora cantidad decisiones importantes que los jóvenes tienen que tomar en este periodo y, en muchos casos, las primeras fuera del hogar familiar. Deben elegir dónde vivir, qué estudiar o en qué trabajar en periodos muy cortos. Esta acumulación de elecciones puede producir ansiedad, especialmente en un contexto en el que las comparaciones con otros se amplifican mediante redes sociales.
Carrillo cita como ejemplo la influencia de contenido motivacional en TikTok, plataforma en la que los jóvenes optan por ponerle humor a esta etapa: “Paco León quería hacer una película de Aída, lo dijo y lo hizo. Y tú no tienes ni los apuntes hechos, así que ponte con ello”. Este tipo de mensajes, aunque inspiradores, pueden aumentar la presión sobre quienes aún buscan establecerse.
El miedo y la entrada en la adultez
La crisis de los 20 también está ligada a los miedos propios de una adultez incipiente: tomar decisiones personales, enfrentarse a la soledad en nuevas experiencias o asumir responsabilidades sin red de seguridad. Para muchos, esto supone una sensación de vulnerabilidad y de cambio acelerado que no se había experimentado en la adolescencia.
No es fracaso, es contexto generacional
Carrillo concluye que esta crisis no debe interpretarse como un fracaso personal. Se trata de una coyuntura generacional, en la que la situación económica y social retrasa los hitos vitales tradicionales. Reconocer que la vida de los jóvenes hoy no sigue los patrones de generaciones anteriores es clave para comprender que sentirse perdido a los 20 no indica falta de capacidad, sino adaptación a un entorno distinto.
En definitiva, la crisis de los 20 refleja la incertidumbre y la presión de una generación que enfrenta retos inéditos, y entenderla es el primer paso para ofrecer apoyo y herramientas a quienes la viven.









