Fernando tiene 23 años y lleva seis meses en la Escuela de Doblaje de Madrid. Hoy le toca practicar con Chandler en “Friends”. Espera la señal del profesor, marca las pausas cómicas, ajusta la entonación, capta ese tono irónico que caracteriza al personaje. Repite. Ajusta. Perfecciona. Lleva toda la vida soñando con ser la voz de las grandes estrellas de Hollywood. Pero mientras Fernando perfecciona su técnica, un software de inteligencia artificial puede doblar la misma escena en 30 segundos. En España, país con una larga tradición de doblaje, tanto los profesionales actuales como las nuevas generaciones comparten la misma incertidumbre: ¿qué futuro le espera al doblaje?

Para entender qué está en juego, hay que remontarse a los orígenes. El doblaje en España arranca en los años 30, antes de lo que muchos creen. «El doblaje nació en Italia y en España lo introdujo Hugo Donarelli”, explica Ramón Langa, actor de doblaje con más de 40 años de trayectoria profesional. Su inconfundible voz ha estado asociada a Bruce Willis, aunque también ha doblado a otros iconos de Hollywood como Kevin Costner.
Durante la dictadura franquista, el doblaje no sólo era una herramienta lingüística, sino también de control político: se moldeaban los guiones para que encajaran con la ideología del régimen. En “Mogambo” (1953), la relación adúltera entre Grace Kelly y Clark Gable se transformó en un vínculo fraternal. En “Casablanca” (1942), Rick Blaine nunca tuvo un pasado republicano. Se moderaron las referencias a Hitler en “El gran dictador” (1940) de Charles Chaplin.
Pero a pesar de la censura, la calidad era excepcional, reconoce Langa. «Era gente muy profesional. Por la censura decían otra cosa en vez de lo que decía la película, pero salvo eso, el doblaje en la época franquista era muy bueno.»
Durante gran parte del siglo XX, especialmente entre los años 60 y 80, Barcelona fue el corazón de esta industria. Albergaba estudios tecnológicamente avanzados (“Voz y Sonido” y “EXA”); disponía de una cantera de actores con formación vocal y su proximidad geográfica con Francia, país pionero en el doblaje europeo, facilitaba el flujo de técnicas y materiales. Las grandes distribuidoras eligieron esta ciudad, lo que generó un círculo virtuoso: el trabajo se concentraba allí, lo que a su vez atraía a más actores, directores y técnicos de sonido.
Paralelamente, Madrid fue ganando un peso decisivo a finales de los 60, impulsada por la centralización administrativa y, sobre todo, por el crecimiento de la televisión. La presencia de Televisión Española (TVE), junto con el desarrollo de nuevos estudios de doblaje, convirtió a la capital en un punto esencial para el doblaje de series, documentales y cine que luego se emitiría en televisión. Así, Madrid se consolidó como el otro pilar del doblaje en España durante las décadas de 1970 y 1980.

La demanda era masiva. Películas emblemáticas como “El Padrino” o “2001: Una odisea del espacio”, en España se estrenaron exclusivamente dobladas. Lo mismo ocurrió con series como “Star Trek” o “Misión Imposible”. En este contexto surgieron voces legendarias.
Constantino Romero fue Clint Eastwood, Arnold Schwarzenegger y Darth Vader; Rogelio Hernández, la voz de Jack Nicholson; Ricardo Solans fue Robert De Niro y Al Pacino; María Luisa Solá, Glenn Close y Sigourney Weaver.
Era la época del «actor exclusivo»: una voz para cada estrella, una conexión entre actor de doblaje y espectador que, según Langa, sigue viva en España a día de hoy: «La gente se sabe la voz de tal actor, las frases de tal película… Eso a mí me gusta mucho».
Ese vínculo casi sagrado entre actor de doblaje y estrella de Hollywood, ese arte es, precisamente, lo que ahora corre peligro ante el avance de la inteligencia artificial.
Clonar en horas
La tecnología ya permite clonar voces con una precisión abrumadora. Basta con unas horas de grabación para que un algoritmo aprenda los patrones vocales de un actor y pueda reproducir cualquier texto con su voz. Las empresas tecnológicas prometen que la IA puede doblar películas enteras en cuestión de días, sin necesidad de estudios, directores ni, por supuesto, actores.

En mayo de 2024, Scarlett Johansson denunció públicamente a OpenAI: la compañía había lanzado una voz para ChatGPT inquietantemente similar a la suya pese a que la actriz había rechazado meses antes prestar su voz al sistema. En cuestión de días, OpenAI retiró la voz «Sky» ante la presión mediática.
En España, actores de doblaje han recibido propuestas para «entrenar modelos de voz» (un eufemismo para ceder sus voces a algoritmos de IA) a cambio de pagos únicos y renunciando al control sobre su uso futuro». A nosotros, antes de grabar, nos hacen firmar documentos con cesión de derechos amplísima», denuncia Raúl Lara, presidente del Sindicato de Artistas de Doblaje de Madrid (ADOMA). En 2024, los profesionales españoles se movilizaron frente a contratos que no incluían protecciones sobre el uso de sus voces por IA.
La preocupación es global. En Estados Unidos, la huelga de actores de 2023 que paralizó Hollywood durante meses incluyó entre sus demandas centrales protecciones frente a la IA. En Europa, varios países ya estudian legislaciones específicas para regular el empleo de voces e imágenes generadas por IA. La Ley de Inteligencia Artificial de la Unión Europea, aprobada por el Parlamento Europeo en marzo de 2024 y vigente desde agosto de ese año, establece obligaciones de transparencia y clasificación de sistemas de IA según su nivel de riesgo. Además, Dinamarca presentó en junio de 2025 una propuesta para garantizar que los ciudadanos conserven control sobre su voz e imagen frente a “deepfakes”. Asimismo, un tribunal de Berlín dictaminó en agosto de 2025 que clonar la voz de un actor de doblaje sin su permiso viola derechos de personalidad. Estos hitos muestran que el debate sobre la IA es ya una realidad legal en Europa.
«Soy un gran escéptico de la inteligencia artificial, no me gusta – confiesa Langa – No creo que exista un verdadero peligro. Si rascas un poco, se nota perfectamente que esa voz no es auténtica».
Para él, el arte es exclusivo del ser humano: «No creo, y espero que no ocurra, que la IA pueda sustituir de ninguna manera la interpretación de un actor. La interpretación sale de la intención, sale del alma, y una IA, por muy técnica que llegue a ser, nunca podrá tener alma ni sentimiento ni conciencia, que es la base de la interpretación».
Iván Jara, actor de doblaje de una generación más joven y la voz de personajes como Wolowitz en “The Big Bang Theory” o James en “Pokémon”, comparte el escepticismo: «Para trabajos muy puntuales puede ser que lo haga una máquina, pero más allá de eso, no. Todo lo que tiene sentimiento no va a poder hacerlo una máquina”.
De hecho, ya ha habido intentos fallidos: «Ya ha habido algunas plataformas que han intentado hacer alguna serie con IA y se la han echado para atrás, porque se nota que es una máquina: no se ríe como una persona, no llora como una persona, no gime como una persona», afirma Jara.
Uno de los casos más sonados: en diciembre de 2024, Amazon Prime Video introdujo doblajes generados por IA en varios animes, entre ellos “Banana Fish” y “Vinland Saga”. El público y los actores profesionales calificaron el resultado de «robótico» y «emocionalmente plano». En cuestión de días, Amazon retiró los doblajes.
“Los actores de doblaje somos meros imitadores”
Porque el doblaje es mucho más que reproducir palabras. Es interpretar, emocionar y adaptarse al ritmo exacto de la pantalla. La sincronización labial exige mucha precisión: cada palabra, cada respiración, debe coincidir con los movimientos de los labios en la imagen.
«El secreto del doblaje es escuchar al actor e irte con él», resume Langa. Jara coincide: «Los actores de doblaje somos meros imitadores. Yo me tengo que pegar a una cara que no es la mía y tratar de resolver un trabajo que ya ha hecho otra persona».
Las sesiones pueden ser realmente largas. «Hasta que no me quedo satisfecho yo repito y repito. Soy muy minucioso», confiesa Langa, quien recuerda su trabajo reciente en “La Sustancia”, doblando a Dennis Quaid: «Fue un doblaje muy difícil porque era un personaje muy loco, hacía de todo». Y ese esfuerzo le valió el premio al Mejor Actor de Doblaje en Cine en la VII edición de los Premios Nacionales de Doblaje de Oviedo en 2025.
El arte de ser otro
Hace alrededor de 45 años, Ramón Langa se apuntó a la Escuela de Salvador Arias, que en ese momento era una de las pocas que había en España. Su maestro le consiguió una prueba en CineSon, un estudio que dirigía Mari Pe Castro, reconocida actriz de doblaje entre los años 70 y 90.
El resultado fue inesperado: «Me empezaron a llamar y de repente empecé a triunfar en el doblaje y me olvidé del teatro y el cine”. Entre sus proyectos más recordados están “El Sexto Sentido”, “Doce Monos”, “El Último Boy Scout”, todas las entregas de “La Jungla de Cristal” y la serie “Luz de Luna”, donde empezó Bruce Willis y donde Langa empezó a doblarle. Años después, volvería a los escenarios. De hecho, desde hace casi 20 años está enfocado en su carrera de teatro y cine. “Actualmente hago doblaje muy de vez en cuando», comenta.
Por otro lado, la historia de Iván Jara tiene un componente casi dinástico. Su madre, Amelia Jara, fue actriz de doblaje, y tanto él como su hermana, Sandra, crecieron entre micrófonos y atriles.
Entre sus personajes más queridos está Wolowitz de “The Big Bang Theory”: «Le tengo un cariño especial porque es muy gracioso. Me ha tocado imitar a Steve Hawkings, he cantado… he hecho de todo con ese personaje». También James en “Pokémon”, «llevo tantos años haciéndole que le tengo mucho cariño». Pero quizá el vínculo más especial sea con Joshua Jackson: su madre lo doblaba cuando el actor era niño, y cuando su voz cambió al crecer, él tomó el relevo. Desde entonces, dice, es “como si fuera de la familia”.
Convivir con máquinas
Pero ese mundo en el que crecieron se ha ido transformando: más plataformas de “streaming”, más volumen de trabajo, menos tiempo, peores condiciones. Pero ningún cambio genera tanta incertidumbre como la inteligencia artificial.
Para Jara, la clave está en cambiar la perspectiva: «Confío y pienso en que la IA sea una herramienta. Yo no tengo miedo», asegura.
«Una IA nunca podrá tener alma ni sentimiento ni conciencia, que es la base de la interpretación»
Ramón Langa tiene 65 años y una carrera que pocos pueden igualar. Ha visto nacer y crecer al doblaje español. Ahora observa con escepticismo la llegada de esta nueva era. Iván Jara, por su parte, lanza un mensaje optimista: «El doblaje está en un punto bastante bueno y va a seguir así».
La pregunta en el aire no es si la IA llegará, porque ya está aquí, sino qué quedará del arte cuando lo haga. Ramón Langa cree que quedará precisamente lo que define al arte: su infinitud: «En el arte, siempre se está aprendiendo algo nuevo. Los sentimientos, las emociones, las energías de las personas son infinitas».
Si el doblaje español sobrevivió a la censura y se adaptó a la era digital y a las miles de plataformas, quizá también encuentre la forma de coexistir con las máquinas.
Fernando sale de la cabina insonorizada. Lleva meses aprendiendo a ser otra voz, a meterse en la piel de personajes ajenos, a hacer suyo lo que no es suyo. La IA puede clonar su voz, sí, pero no puede sentir lo que él siente. Por ahora, el micrófono sigue encendido. Y Fernando vuelve mañana.









