Los alumnos de 3º de periodismo han tenido la oportunidad de asistir a la sesión de control de hoy en el Congreso en el marco de su asignatura de Periodismo Político. La mañana estuvo marcada por un clima de crispación desde el primer minuto. La comparecencia previa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, para explicar la posición de España ante la guerra en Irán fue el pistoletazo de salida de una mañana de reproches entre las bancadas.
Un arranque mirando al pasado: “No olvidar para no repetir”
Sánchez comenzó evocando las enormes manifestaciones del 15 de febrero de 2003, cuando más de tres millones de ciudadanos salieron a las calles para gritar “No a la guerra”. “Yo fui uno de ellos”, recordó. En el hemiciclo, la bancada del PP permanecía rígida; Feijóo, por momentos, revisaba la prensa en su móvil mientras el presidente continuaba con sus explicaciones.
Sánchez buscó las comparaciones en todos los aspectos con la guerra de Irak: “fue el mayor desastre geopolítico desde Vietnam”. Recordó el coste humano -más de 300.000 muertos-, el desplazamiento de millones de personas y la cadena de inestabilidad que propició la creación del DAESH. “Con Aznar, menos del 6% de los españoles quería entrar en aquella guerra, y aun así nos arrastró”, dijo, mientras desde los escaños populares se escuchaba un sonoro “¡No!”.
Irán no es Irak: un riesgo mayor
Sánchez marcó distancia entre ambos conflictos: “Irán es otra escala, una potencia militar que lleva cuatro décadas preparándose para una guerra así”. Describió un escenario en el que, mientras Israel bombardea Gaza, Estados Unidos golpea instalaciones iraníes y la región se aproxima a un abismo imprevisible: “Las bombas siguen cayendo mientras hablamos. ¿Para qué está sirviendo esta destrucción?”.
El presidente denunció que la ofensiva internacional ha enterrado a Gaza, ha reactivado tensiones en Irak y Líbano y ha empoderado a Netanyahu, “empeñado en repetir en Líbano lo que ha hecho en Gaza”. Añadió que el conflicto ya dispara los carburantes y amenaza la estabilidad económica global: “Es un desastre absoluto”.
España marca perfil propio: ayuda humanitaria y veto al uso de bases
Sánchez defendió que España “no será cómplice de una guerra ilegal” y explicó que el Gobierno ha denegado a Estados Unidos el uso de las bases en el país y subrayó la llegada de ayuda humanitaria al Líbano.
También apuntó a una lección aprendida de las guerras de Ucrania e Irán: “Cuanto más independientes seamos energéticamente, mejor preparados estaremos”. Y cerró con una frase inquietante a la pregunta que se hacen todos los españoles: “No sé qué va a pasar ahora. Ese es el problema: solo una persona lo sabe”.
Feijóo responde: “No a la guerra, y no a usted”
Tras la intervención, Alberto Núñez Feijóo toma la palabra y acusa al presidente de usar la política exterior “para reírse de los españoles”. Además, recordó al hemiciclo la complejidad de defender la paz cuando existen fotografías de misiles iraníes decorados con la cara de quien lo hace, en alusión a los misiles iraníes que llevan la cara de Sánchez.
“No es un no a la guerra, es un no al Congreso”, dijo entre murmullos sobre la política de Sánchez. “Dice ‘no a la guerra’, pero ha triplicado la compra de armamento a Estados Unidos y ha enviado nuestra mejor fragata, cargada de torpedos, sin consultar a esta Cámara”.
Feijóo, mientras la bancada de Sumar lo increpaba -hasta un “tonto del culo” llegó a oírse-, acusó a Sánchez de ser “radicalmente conflictivo”: con Europa, con las Cortes, con los medios y con la gestión migratoria. “El mundo en guerra y España sin la más mínima estabilidad”, remató. El líder del PP sacó además a relucir los Presupuestos: “Hasta Ucrania los ha aprobado. Usted, no”.
Vox eleva el tono: “A Sánchez le gustan las guerras para hacer caja”
Santiago Abascal endureció aún más la dialéctica. Aseguró que Sánchez “miente como siempre” y que usa la guerra igual que la pandemia o los desastres naturales “para hacer caja con sus socios”. También recordó los misiles con la imagen del presidente y arremetió contra la política migratoria y la supuesta debilidad internacional de España. “Un homólogo suyo le llama en privado ‘el traidor de Europa’”, afirmó.









