Francisco, el Papa que creyó en los jóvenes

Un año después de su fallecimiento, su legado sigue marcando el rumbo de los jóvenes en la Iglesia

EFE/EPA/INACIO ROSA

El pasado 21 de marzo se cumplió un año desde la muerte del Papa Francisco, una figura que transformó la forma en que la Iglesia escucha y acompaña a los jóvenes. Su pontificado no solo estuvo lleno de gestos simbólico y discursos memorables, sino que dejó dos hitos decisivos: el Sínodo de los Jóvenes de 2018 y la exhortación apostólica Christus vivit. Ambos documentos se han convertido en brújula espiritual para una generación que, entre dudas y sueños en un momento complejo de la historia, encontró en Francisco un aliado inesperado.

Un Sínodo que abrió puertas y ventanas

En octubre de 2018, el propio Vaticano -ese lugar que muchos jóvenes perciben tan lejano- se convirtió en un medio de diálogo intergeneracional. Bajo el título “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, Francisco reunió a obispos, expertos, consagrados… y sobre todo a jóvenes. Y lo hizo con un objetivo claro: escuchar. “No se trató de hablar sobre los jóvenes, sino con ellos”, repitió Francisco. Ese gesto abrió un proceso sinodal que involucró cuestionarios online, reuniones presinodales y una participación juvenil inédita.

El Documento Final destacó tres ejes: escuchar sin prejuicios, acompañar con honestidad y hacer de los jóvenes parte activa de la misión de la Iglesia. Era la Iglesia diciéndoles por fin: los jóvenes importan.

“¡Cristo vive y te quiere vivo!” De aquel proceso nació, en 2019, la exhortación Christus vivit, uno de los textos más cercanos del pontificado. Firmado en Loreto, está dirigido “a los jóvenes y a todo el Pueblo de Dios”, y arranca con la frase: “Cristo vive y te quiere vivo.” Francisco no les hablaba a los jóvenes desde arriba, sino desde al lado y recordaba que su valor no depende del éxito, la apariencia o el rendimiento. Les advertía de los “falsos brillos” que seducen pero que acaban en un gran vacío. Les decía que el amor verdadero, la vocación y la libertad necesitan raíces y silencio.

Y lanzó una de sus frases más recordadas: “Ustedes son el ahora de Dios.” No el futuro. No la promesa. El ahora.

Una Iglesia que camina con ellos

Francisco soñaba con una pastoral juvenil valiente y misionera, y en ello se basó su labor. No quería eventos aislados ni catequesis rígidas, sino acompañamiento real: caminar juntos y escuchar dudas. Su visión de la vocación fue también revolucionaria: no limitarla al sacerdocio o la vida consagrada, sino abrirla al amor, la amistad, la familia, el trabajo, la entrega social, todo podía ser camino hacia Dios.

En cada Jornada Mundial de la Juventud dejó una frase para la historia: del 2013, en Río de Janeiro recordamos el “¡Hagan lío!” que pasó a la historia como una de sus citas más repetidas. En 2016, en Cracovia: “No vinimos al mundo para vegetar, sino para dejar huella.” En 2019, en Panamá se acercó a los jóvenes al pronunciar la frase: “María fue la influencer de Dios.” Y en 2023, durante la JMJ en Lisboa dejó claro que en la Iglesia «hay lugar para todos, todos, todos.” En todos esos encuentros mostró a los jóvenes que no eran invitados secundarios, sino protagonistas de la fe.

Su herencia: un mapa para la Iglesia del mañana

Un año después de su fallecimiento, el legado del Papa Francisco permanece vivo. Fue un pastor que confió radicalmente en la juventud. Que no temió pedir perdón, que buscó la inclusión, que derribó muros y amplió horizontes.

Su mensaje -insistente, luminoso, a veces incómodo- sigue interpelando a la Iglesia: “No seamos una Iglesia que no llora frente a los dramas de sus hijos jóvenes.” Ese llamado sigue vigente. Quizá más que nunca.

Francisco deja un testamento espiritual claro: una Iglesia que acompaña, que escucha, que arriesga y que cree en la creatividad, la sensibilidad y la fe de sus jóvenes. Y aunque su voz ya no resuene en la plaza de San Pedro, sus palabras siguen vivas en millones de corazones: Cristo vive. Y te quiere vivo.